A dos años de la regulación del mercado de cannabis en Uruguay

A dos años de la regulación del mercado de cannabis en Uruguay

Aprobada en diciembre de 2013. Olivera, asesora de la Junta Nacional de Drogas de ese país estuvo en Santa Fe y fue consultada por Diario UNO sobre la experiencia que plantea el consumo desde una posición de derechos.

Hace unos días Gabriela Olivera, especialista en Formación y Entrenamiento para la Prevención del Abuso de Drogas, y asesora de la Junta Nacional de Drogas de la República de Uruguay estuvo en Santa Fe brindando una charla organizada por la Mesa Intersectorial para el Abordaje Integral de las Adicciones. En su paso por la ciudad, habló con Diario UNO sobre la experiencia uruguaya a casi dos años de la sanción de la ley de regulación del mercado de cannabis y dijo que se produjo un diálogo que apunta a la prevención y a la información que antes no existía. Sostuvo además que la legislación pionera en el mundo está anclada en una posición de derechos.

—En diciembre se cumplen dos años de la sanción de la ley, ¿cuál es su evaluación?

—En realidad, van a hacer casi dos años de la sanción, pero esta ley tiene tres ejes, los cuales todavía no han empezado a andar. Hay un eje que tiene que ver con el autocultivo (seis plantas por domicilio), y el otro eje que tiene que ver con los clubes de membresía. Esas son las cosas que hemos podido ir monitoreando, pero el tercer eje que es de la dispensación medicinal de cannabis todavía no empezó porque la Junta Nacional de Drogas lo que pretende es que vaya en paralelo con los mismos controles que van los psicofármacos, y eso va a empezar a andar cuando realmente Uruguay tenga una producción suficiente. Tampoco se trata de generar una expectativa, que la demanda aparezca y no tener para cubrirla. Como todo producto natural, las semillas llevan su proceso y para la dispensación para uso medicinal habrá que esperar más o menos hasta junio.

—¿Cómo ha sido la monitorización de los dos primeros ejes?

—Es buena porque ha habido una gran demanda de parte de esos sectores de tener un espacio respetado de la vida privada por parte del Estado. Si bien en Uruguay nunca se penalizó el consumo de drogas. Esto es importante aclararlo porque Uruguay es una excepción en la región y en el mundo. Había sí una trampa en la ley, porque dependía de qué estimaba el juez que era una cantidad razonable para consumo personal. Ahora eso está reglamentado, se dispuso una cantidad, y la gente sabe que no puede andar en la calle con más de 10 g, y sabe cuánto va a consumir al mes porque más no se le va a vender. Porque lo va a ir a comprar a la farmacia, o lo va a ir a consumir en el club, o sea que no tiene más remedio que estar registrado y que el Estado pueda monitorear. Sobre eso los resultados son buenos. Las evaluaciones de los usuarios son buenas, y ellos dicen que se sienten mejor.

—¿Qué tipo de información han podido relevar?

—Por ejemplo, la cantidad de gente, las preferencias, las modalidades de consumo. Todos los patrones de uso, y sobre todo lo que se está pudiendo hacer es brindar información extra, y los usuarios están diciendo que era una información que no tenían en cuenta.

—¿Cómo qué?

—Por ejemplo, a los que tienen familia, o tienen contacto con niños, o con adolescentes, se los invita a participar en talleres. Porque tampoco se trata de transmitirle a un adolescente que con esto no pasa nada. Es un poco lo que nos pasó con el tabaco, muchas veces los padres decían, qué le voy a decir si yo fumo 20 cigarrillos al día. Bueno, dígale eso. Hablale de eso, y de que cuando usted empezó a fumar, nadie le explicó nada, que no sabía que era una droga adictiva, dígale que hace 20 años que está intentando dejar y que no puede. En eso nosotros consideramos que tuvimos un plus que no lo esperábamos y es como un diálogo que apunta a la prevención y a la información.

—¿Ahora se puede hablar libremente? 

—No voy a decir en todas partes, pero por lo pronto con la gente que sí está participando de los clubes o del autocultivo, sí. Se está teniendo un diálogo que no se podía tener jamás, porque las personas que consumían una droga ilegal no tenían un acercamiento al gobierno. Y digo al gobierno, mirado desde la constitución de la Junta Nacional de Drogas, que es un órgano interministerial. Ellos son miembros activos de un instituto que se creó para monitorear el transcurso que lleva esta reglamentación. Entonces el diálogo se crea en una línea interna primero, y después se hace una interpretación de la monitorización. Sobre la monitorización, si bien la hace la junta, hay dos vertientes que consideramos importantes, una es la Universidad de la República, que se involucró muchísimo con este proceso. Es algo que nos parece muy bien, porque en el caso del cannabis medicinal, quienes lo van a recetar son las médicas y los médicos. Entonces, que la Facultad de Medicina nos diga que hay cinco cátedras que están interesadas en participar de esta evaluación nos parece genial. Lo mismo Química, Ciencias Sociales, o Psicología. Tener el Comité Científico de la Universidad de la República, ha sido muy importante. La verdad es que nos han marcado muchas cosas que a nosotros se nos habían pasado.

—La ley se aprobó con otro presidente, y en el Frente Amplio hubo mucha discusión por el tema, e incluso Tabaré Vázquez no estaba muy de acuerdo, ¿corre peligro lo que se ha logrado?

—Creo que el escenario es bueno, es continuar con las políticas que se venían desarrollando. El presidente actual lo que manifestó es que lo que no tenía era apuro. Por eso es que está demorado el uso del cannabis medicinal. Él es médico oncólogo, y fue pionero en políticas antitabaco, y entonces hizo una primera lectura en la que cuando se habla de cannabis, se habla de la cuestión fumada. Después hizo una segunda lectura que es que de alguna manera la realidad con el tabaco se cambió drásticamente en 10 años y por suerte se cambió en las generaciones más jóvenes. Hubo un gran descenso en el consumo de tabaco, y lo que nos hace más felices es que el descenso está más marcado por las generaciones más jóvenes. Esto quiere decir que se inician más tarde, y se inician menos. Esto es muy importante, porque sabemos que cuanto antes se empieza a consumir una droga, más problemas tenés para dejarla.

—¿Hay una intención de avanzar la regulación más estricta del consumo de otras drogas como el alcohol?

—Absolutamente, ahora tenemos una ley en estudio con media sanción, que justamente apunta a lo que se hizo con el tabaco. Hace 20 años que trabajo en el tema drogas, y te diría que es mucho más difícil cambiar una reglamentación de una droga que es legal. Lo del tabaco lo padecimos, fue muy difícil, pero ahora hasta los propios fumadores reconocen que mejoró. Con respecto al alcohol, pretendemos que sea algo similar. Es la droga más consumida en Uruguay, donde el alcohol pasa por la socialización primaria de todas la personas, porque en cualquier casa se ve que para las fiestas y los cumpleaños se toma alcohol, y contra lo que ya es cotidiano es muy difícil. Justamente venimos de un encuentro con profesionales, y técnicos de territorio y hablábamos que tiene que ver con la cultura de las personas y difícil que es cambiar los rituales que ya están establecidos.

—¿Qué medidas han tomado con respecto al alcohol?

—Una de las cosas que hacemos es, en los recitales al aire libre, instalar desde la Junta Nacional de Drogas lo que llamamos las carpas de achique. Allí se sabe que va a haber un lugar, donde si alguien ve una persona teniendo un problema con el alcohol o con el consumo de drogas, la puede llevar allí y es asistida. Además lo que se hizo y se viene haciendo hace años es la obligación de que los jóvenes puedan tener acceso al agua. Les preguntábamos por qué no tomaban agua, y nos respondían que era porque no les daban. Entonces el Estado desde hace tres años realiza una campaña que se llama “La sed sacátela con agua”, y en ese tipo de eventos, de manera gratuita hay sachés de agua. Para nuestra sorpresa los dispensarios esos se vaciaban en un momento. Quiere decir que si se les da la alternativa, los jóvenes toman agua.

—¿Qué pasa con la conducción bajo los efectos de la marihuana?

—Eso está previsto en la ley del mercado de cannabis que dice que estará sujeta a las mismas condiciones a la que está sujeto el alcohol. Cualquier droga psicoactiva, altera la conciencia, nuestras percepciones, nuestro nivel de vigilancia, y la marihuana justamente puede alterar hasta las distancias. Los consumidores te lo explican claramente, y está fantástico cuando uno tiene un ambiente protegido en el que está en una postura lúdica y acompañada. Ahí estupendo, pero eso no se puede hacer en el trabajo o en la conducción.

—Uno de los objetivos era frenar el comercio ilegal, ¿ha disminuido?

—Hay dos vertientes. Una la de los usuarios que se inscriben, y que pensábamos que no lo iban a hacer por desconfianza y porque toda la vida consumieron de manera ilegal. Aquí estaba la oportunidad para que pudieran saber qué es lo que consumen, que es una semilla pura, plantada desde el Estado, que tiene una trazabilidad, y una vigilancia de su crecimiento. Para nuestra sorpresa se registró mucha más gente de la que pensábamos. Ese es un aspecto, y el otro el de las incautaciones. En realidad, lo que nos dicen los agentes que trabajan en territorio con el control de la oferta es que la gente está tomando conciencia de la porquería que estaba consumiendo. Pasa también con la cocaína, y con la pasta base. Cuando piensan que están consumiendo cocaína, de repente es solo un 30%, hay un 40% de cafeína y el restante son adulterantes, y cuestiones excipientes que se adicionan para incrementar la cantidad. Estas son cosas que pasan cuando está todo prohibido y nada se puede hablar, la gente no puede tomar una decisión consciente. Esta es una apuesta de Uruguay, después vamos a ver de acá a cinco años qué vamos a decir, pero hasta ahora esto de abrir los ojos, y de hablarlo es lo que hay.

—Se criticó la ley también desde el lugar de las adicciones, ¿qué sucedió con esto?

—La resistencia no fue solo de la sociedad. Tuvimos resistencia que venía desde la psiquiatría infantil y que es entendible. Tenían miedo de que se fuera a hacer un llamamiento al consumo y que la ley se iba a leer en los jóvenes como que se estaba promoviendo el consumo. Nosotros lo que trabajábamos era lo siguiente: el problema ya lo tenemos. No traemos la propuesta de regulación del mercado de cannabis previendo un problema. Los jóvenes ya estaban teniendo problemas de consumo, y los adultos estaban pidiendo un lugar para manejar su vida privada y el consumo de cannabis tranquilos y no tener que delinquir, o asociarse y tratar con un dealer, o meterse en un barrio. Esa era la primera medida, a lo mejor los psiquiatras infantiles no lo querían ver, pero el problema ya lo teníamos. Fue tratar de posicionarse desde otro lugar. La guerra a las drogas la tuvimos 100 años, la prohibición también. Pasamos por los delincuentes, por los enfermos, entonces vamos a instalarnos ahora en una posición de derechos, ¿no? Como lo que pasa con el matrimonio igualitario, vamos a tratar de dejar un poco más espacio en la vida privada de las personas. Que decidan sobre eso, y nosotros obvio brindarles lo que tiene que brindar el Estado, servicios de salud, sociales, y meterse un poco menos en la vida privada de la gente.

Coqui Toum/ UNO Santa Fe/ jorge.toum@uno.com.ar

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